Los ensayos
Los ensayos c | Y tras herirse con excesiva debilidad, C. Fimbria consiguió que su criado lo rematara.[23] En cambio, Ostorio, como no podía valerse de su brazo, desdeñó emplear el de su sirviente para otra cosa que para sostener el puñal recto y firme, y, dándose impulso, llevó él mismo la garganta a su encuentro y la traspasó.[24] a | Es un manjar que, a buen seguro, ha de engullirse sin masticar, salvo que se tengan mandíbulas de hierro. Y por eso el emperador Adriano hizo que su médico le señalara y circunscribiera exactamente en el pecho el lugar mortal donde tenía que apuntar aquél a quien dio el encargo de matarlo.[25] Y esto explica que, cuando a César le preguntaron qué muerte le parecía la más deseable, respondiera: «La menos premeditada y la más breve».[26] b | Si César osó decirlo, no es ya cobardía que yo lo crea.
a | Una muerte rápida, dice Plinio, es la dicha suprema de la vida humana.[27] Les aflige reconocerla. Nadie puede decirse resuelto a la muerte si teme tantearla, si no puede afrontarla con los ojos abiertos. Esos a quienes se ve en los suplicios correr a su fin, y apresurar y urgir la ejecución, no lo hacen por entereza. Quieren privarse del tiempo de considerarla. Estar muerto no les aflige, pero sí el hecho de morir:
Emori nolo, sed me esse mortuum nihili aestimo.[28]