Los ensayos
Los ensayos LOS PULGARES
a | Tácito cuenta que ciertos reyes bárbaros, para contraer un compromiso firme, tenían la costumbre de unir estrechamente sus manos diestras, la una contra la otra, y de entrelazar los pulgares; y que cuando, a fuerza de apretarlos, la sangre había subido a la punta, se los herían con un pequeño punzón, y después se los chupaban el uno al otro.[1] Dicen los médicos que los pulgares son los dedos dominantes de la mano, y que su etimología latina[2] procede de «pollere».[3] Los griegos lo llaman ἀντιχεὶρ, como quien dijera «otra mano». Y parece que en ocasiones los latinos los toman también en el sentido de mano entera:
Sed nec vocibus excitata blandis,
molli pollice nec rogata, surgit.[4]
[Pero no se levanta por más que se la excite con
suaves palabras y se la solicite con blando pulgar].
En Roma apretar y bajar los pulgares era una expresión de favor,[5]
Fautor utroque tuum laudabit pollice ludum;[6]
[El patrón alabará tu juego con ambos pulgares];
y alzarlos y desviarlos hacia fuera, lo era de desfavor:[7]