Los ensayos
Los ensayos ¿A qué se debe que en estos tiempos las querellas sean todas mortales, y que, mientras que nuestros padres aplicaban cierto grado de venganza, ahora empecemos por el último y no se hable desde el principio sino de matar? ¿A qué se debe sino a la cobardía? Todo el mundo se da perfecta cuenta de que hay más bravura y desdén en vencer al enemigo que en rematarlo, y en someterlo a humillación[7] más que en darle muerte. También, de que el deseo de venganza se sacia y satisface mejor así, pues ésta no persigue otra cosa que hacerse notar. Por eso no atacamos a un animal o a una piedra cuando nos hiere, porque no pueden experimentar nuestra revancha. Y matar a un hombre es ponerlo a salvo de nuestra ofensa. b | Bías le gritaba a un malvado: «Sé que tarde o temprano sufrirás castigo, pero temo no verlo», y se lamentaba por los de Orcómeno. En efecto, la penitencia que padeció Licisco por la traición cometida contra ellos llegaba cuando ya no quedaba ni uno de los perjudicados a los que debía corresponder el placer de tal penitencia.[8] De la misma manera, la venganza es lamentable cuando aquél contra quien se ejerce no es ya susceptible de sentirla; pues, así como el vengador quiere verlo para disfrutarlo, aquél sobre el cual se venga ha de verlo también para sufrir disgusto y arrepentimiento. a | «Se arrepentirá», decimos. Y porque le hemos dado un pistoletazo en la cabeza,[9] ¿creemos que se arrepiente? Al contrario, si prestamos atención, veremos que nos hace mohines mientras cae. Ni siquiera nos lo echa en cara, está muy lejos de arrepentirse. c | Y le rendimos el más favorable de los servicios de la vida, que es darle muerte de manera rápida e insensible. a | A nosotros nos toca escondernos, ir al trote y escapar de los oficiales de la justicia que nos persiguen, y él descansa en paz. El matar es bueno para evitar la ofensa futura, no para vengar la que está hecha. c | Es más un acto de temor que de bravura, de precaución más que de valentía, de defensa más que de ataque.