Los ensayos
Los ensayos El decir es cosa distinta del hacer. Debe considerarse la prédica por un lado y el predicador por otro. En nuestro tiempo, se lo han puesto fácil aquellos que han intentado atacar la verdad de nuestra Iglesia por los vicios de sus ministros. Ésta extrae sus pruebas de otro sitio. Se trata de una necia manera de argumentar, y que lo precipitaría todo en la confusión.[13] Un hombre de buenas costumbres puede tener opiniones falsas, y un malvado puede predicar la verdad, incluso quien no cree en ella. Se produce, sin duda, una hermosa armonía cuando el hacer y el decir van juntos, y no quiero negar que el decir, cuando las acciones le siguen, tiene más autoridad y eficacia. Así, Eudámidas al oír a un filósofo discurrir sobre la guerra, decía: «Las palabras son bellas, pero quien las dice no es digno de crédito, porque sus oídos no están acostumbrados al sonido de la trompeta».[14] Y Cleómenes, cuando oyó a un orador lanzando una arenga sobre la valentía, se puso a reír a carcajadas; y, como el otro se escandalizó, le dijo: «Haría lo mismo si una golondrina hablara de este asunto; pero, si fuera un águila, la escucharía de buen grado».[15] Me parece percibir, en los escritos de los antiguos, que quien dice lo que piensa causa una impresión mucho más viva que quien finge. Escuchemos a Cicerón hablando del amor a la libertad; escuchemos a Bruto.[16] Los mismos escritos nos anuncian que éste era un hombre capaz de adquirirla a costa de la vida. Que Cicerón, padre de la elocuencia, trate del desprecio de la muerte; que Séneca trate del mismo tema.[17] Aquél se arrastra cansino, y notamos que pretende decidirnos a una cosa a la cual él no se ha decidido. No nos infunde ánimo, porque él mismo carece de él; el otro nos anima y enardece. Nunca veo ningún autor, sobre todo entre quienes tratan de la virtud y de las acciones,[18] sin indagar cuidadosamente cómo fue. b | En efecto, los éforos de Esparta, al ver que un hombre disoluto proponía al pueblo un consejo útil, le ordenaron callarse, y pidieron a un hombre de bien que se atribuyera el hallazgo y lo propusiera él.[19]