Los ensayos
Los ensayos El simple ejemplo de Julio César puede bastar para mostrarnos la disparidad entre estos deseos, pues jamás hubo nadie más rendido a los placeres amorosos. El minucioso esmero que dedicaba a su persona lo prueba, hasta el punto de servirse de los medios más lascivos que estaban entonces en uso, como hacerse depilar todo el cuerpo, y untarse con perfumes con extremo cuidado. Y, de suyo, era un personaje hermoso, blanco, de hermosa y alegre talla, con el semblante lleno, los ojos oscuros y vivaces, a2 | si hemos de creer a Suetonio,[5] pues las estatuas que se ven de él en Roma no reflejan del todo bien esta descripción. a | Aparte de sus esposas, que cambió cuatro veces, sin contar los amores de su infancia con el rey de Bitinia Nicomedes,[6] poseyó la doncellez de aquella tan renombrada reina de Egipto, Cleopatra; lo atestigua el nacimiento del pequeño Cesarión.[7] Cortejó también a Eunoe, reina de Mauritania, y, en Roma, a Postumia, mujer de Servio Sulpicio, a Lolia, de Gabino, a Tértula, de Craso, e incluso a Mucia, esposa del gran Pompeyo, lo cual constituyó la causa, dicen los historiadores romanos, por la que su marido la repudió, cosa que Plutarco confiesa haber ignorado —y los Curiones, padre e hijo, reprocharon después a Pompeyo, cuando se casó con la hija de César, que se convertÃa en el yerno de un hombre que le habÃa hecho cornudo, y que él mismo acostumbraba a llamar Egisto—.[8] Tuvo relaciones, aparte de todo este número, con Servilla, hermana de Catón y madre de Marco Bruto, de las cuales todo el mundo sostiene que procedió el gran afecto que profesaba por Bruto, pues nació en un tiempo en el que era verosÃmil que descendiera de él.[9] Por tanto, le considero con razón, me parece, hombre sumamente entregado a este desenfreno, y de temperamento muy lascivo. Pero, cuando la otra pasión de la ambición, que le aquejaba también infinitamente, se opuso a ésta, la relegó de inmediato.