Los ensayos
Los ensayos Y al punto se asestó un golpe mortal en el pecho; y después se lo arrancó de la herida y se lo ofreció. Terminó al mismo tiempo su vida con esta noble, generosa e inmortal frase: «Poete, non dolet»[7] [Peto, no duele]. No tuvo tiempo sino de decir estas tres palabras de tan bella sustancia: «¿Ves, Peto?, no me ha hecho daño»:[8]
Casta suo gladium cum traderet Arria Poeto,
quem de uisceribus traxerat ipsa suis:
si qua fides, uulnus quod feci, non dolet, inquit;
sed quod tu facies, id mihi, Poete, dolet.[9]
[Cuando la casta Arria entregó a Peto la espada que ella misma se extrajo de las entrañas, le dijo: Creeme, la herida que me he hecho, no duele, pero la que tú te harás, Peto, me hace daño].
Tiene mucha más viveza en su forma original, y un sentido más rico. Porque la herida y la muerte de su marido, y las suyas, tan lejos estaban de pesarle, que ella había sido su consejera y promotora. Pero, realizada esta alta y valerosa empresa únicamente por el interés de su marido, no mira sino por él aun en el último momento de su vida, y por librarle del temor a seguirla muriendo. Peto se golpeó enseguida con la misma espada; avergonzado, a mi juicio, por haber tenido necesidad de una enseñanza tan cara y preciosa.