Los ensayos
Los ensayos Las promesas mismas de la medicina son increíbles. Porque, obligada a atender a accidentes distintos y contrarios, que con frecuencia nos acucian a la vez, y que guardan una correlación casi necesaria, como el calor del hígado y la frialdad del estómago, nos persuaden de que, entre sus ingredientes, uno calentará el estómago, otro refrescará el hígado; uno tiene la misión de ir directo a los riñones, incluso hasta la vejiga, sin desplegar en otra parte sus efectos, y conservando sus fuerzas y su virtud, en ese camino largo y lleno de obstáculos, hasta el lugar a cuyo servicio está destinado por su propiedad oculta; el otro secará el cerebro; aquél humedecerá el pulmón. ¿No es una suerte de desvarío esperar que las virtudes de todo este amasijo que compone la mixtión de un brebaje se dividan y separen de la confusión y mezcla, para acudir a misiones tan distintas? Yo temería infinitamente que perdiesen o cambiasen sus etiquetas y equivocaran sus distritos. ¿Y quién puede imaginar que en tal confusión líquida estas facultades no se corrompen, confunden y alteran entre sí? ¿Qué decir de que la ejecución de esta orden dependa de otro oficial, a cuya confianza y merced abandonamos una vez más nuestra vida?[75]