Los ensayos
Los ensayos Por lo demás, honro a los médicos, no, siguiendo el precepto, por la necesidad —pues a este pasaje le oponen otro del profeta reprendiendo al rey Asa por haber recurrido a un médico—,[90] sino por amor hacia ellos, porque he visto a muchos que son hombres honestos y dignos de estima. Nada tengo contra ellos, sino contra su arte, y apenas les culpo de que se beneficien de nuestra necedad,[91] pues la mayor parte del mundo hace lo mismo. Muchas profesiones, tanto inferiores como más dignas que la suya, no tienen otro fundamento y apoyo que los engaños públicos. Los llamo a mi compañÃa cuando estoy enfermo, si se encuentran en el lugar conveniente, y pido que me cuiden, y les pago como los demás. Les concedo que me ordenen c | abrigarme cálidamente, si lo prefiero asà a hacerlo de otra manera;[92] a | pueden elegir, entre puerros y lechugas, de qué tendrán a bien que se haga mi caldo, y prescribirme vino blanco o clarete; y asà todo lo demás que es indiferente a mi apetito y a mi costumbre. a2 | Entiendo muy bien que para ellos esto no es hacer nada, pues la acritud y la extrañeza son accidentes de la propia esencia de la medicina. Licurgo prescribÃa vino a los espartanos enfermos.[93] ¿Por qué? Porque, sanos, aborrecÃan su uso. Del mismo modo, un gentilhombre vecino mÃo lo utiliza como droga muy saludable para sus fiebres porque por propia naturaleza odia mortalmente su sabor.