Los ensayos
Los ensayos a | A LA SEÑORA DE DURAS[99]
Señora, me hallasteis en este punto hace poco, cuando vinisteis a verme. Dado que podría ocurrir que estas inepcias[100] cayesen alguna vez en vuestras manos, quiero también que atestigüen que el autor se siente honradísimo por el favor que les otorgaréis. Reconoceréis en ellas la misma disposición y el mismo aire que habéis visto en su trato. Aunque hubiese podido adoptar otro modo que el mío ordinario, y otra forma más honorable y mejor, no lo habría hecho. Porque no quiero obtener de estos escritos sino que me representen al natural ante vuestra memoria. Las mismas costumbres y facultades que habéis frecuentado y acogido, señora, con mucho más honor y cortesía de lo que merecen, quiero albergarlas —pero sin alteración ni cambio— en un cuerpo sólido que pueda perdurar algunos años o algunos días después de mí, donde las volváis a encontrar, cuando os plazca refrescar su memoria, sin tomaros más molestias para recordarlas. Tampoco lo merecen. Deseo que continuéis en mí el favor de vuestra amistad por las mismas cualidades por las cuales ha surgido. No pretendo en absoluto que me amen y estimen más muerto que vivo.