Los ensayos
Los ensayos Pero no hay que llamar deber —como hacemos todos los dÃas— a una acritud y violencia Ãntimas que nacen del interés y de la pasión privada; ni valor a una conducta traidora y maliciosa. Llaman celo a su propensión a la maldad y a la violencia. No es la causa lo que los enardece, es su interés. Avivan la guerra no porque sea justa sino porque es guerra.[22]
Nada impide que puedan comportarse de manera conveniente y leal hombres que son enemigos mutuos. Condúcete con un afecto, sà no siempre igual —pues puede tolerar medidas diferentes—, al menos moderado, y que no te comprometa tanto con uno que pueda requerirlo todo de ti. Y conténtate también con una medida mediana de su gracia, y con deslizarte por el rÃo revuelto sin pretender pescar en él.
La otra manera de actuar, ofrecerse con todas las fuerzas a los unos y a los otros, tiene todavÃa menos de prudencia que de conciencia. Aquél por quien traicionas a uno que te acoge con el mismo favor, ¿no sabe que haces a su vez lo mismo con él? Te considera un malvado; sin embargo, te escucha, y se aprovecha de ti, y lleva a cabo sus asuntos gracias a tu deslealtad. Porque los hombres dobles son útiles por lo que aportan; pero hay que vigilar que no se lleven sino lo menos posible.