Los ensayos
Los ensayos Por lo demás, detesto ese arrepentimiento accidental que acarrea la edad. Quien decÃa, antiguamente, que estaba agradecido a los años porque le habÃan librado del placer,[46] tenÃa una opinión distinta de la mÃa. Yo nunca daré las gracias a la impotencia por el bien que me ocasione. c | Nec tam auersa unquam uidebitur ab opere suo prouidentia, ut debilitas inter optima inuenta sit[47] [Ni la providencia parecerá jamás tan hostil a su propia obra que la debilidad sea considerada una de las cosas mejores]. b | En la vejez experimentamos pocos deseos; una profunda saciedad nos embarga tras la acción. En esto no veo atisbo alguno de conciencia. La tristeza y la debilidad nos imprimen una virtud blanda y catarrosa. No hemos de dejarnos arrastrar por las alteraciones naturales hasta el extremo de corromper nuestro juicio. La juventud y el placer no me hicieron desconocer, en otros tiempos, el rostro del vicio en el placer; tampoco ahora la desgana que me producen los años me lleva a desconocer el del placer en el vicio. Ahora que ya no estoy en eso, pienso lo mismo que cuando lo estaba. c | Yo, que la agito viva y atentamente, encuentro que b | mi razón es la misma que poseÃa en la edad más licenciosa, excepto, tal vez, porque se ha debilitado y porque ha empeorado al envejecer. c | Y me parece que no se opondrÃa a que me arrojara al placer, en consideración del interés de mi salud corporal, más de lo que en otros tiempos se oponÃa a ello por la salud espiritual. b | No por verla fuera de la lucha la estimo más valiente. Mis tentaciones son tan achacosas, y están tan reblandecidas, que no merecen su oposición. Sólo con tender las manos hacia delante, las conjuro. Si volviesen a enfrentarla a la antigua concupiscencia, me temo que tendrÃa menos fuerza para resistirse de la que tenÃa antes. No le veo juzgar nada para sus adentros que no juzgara entonces; ni ninguna nueva claridad. Por eso, si hay una convalecencia, es una convalecencia enfermiza.