Los ensayos
Los ensayos Una mujer, creyendo haberse tragado una aguja con el pan, gritaba y se atormentaba como si padeciera un dolor insoportable en la garganta, donde creía sentirla detenida. Pero, dado que no había ni hinchazón ni alteración exterior, un hombre capaz juzgó que aquello no era más que fantasía y opinión, fundada en algún pedazo de pan que le había pinchado al pasar. Hizo que devolviera, y, a hurtadillas, echó una aguja torcida en lo que había vomitado. La mujer, creyendo haberla arrojado, de repente se sintió liberada del dolor. Sé de un gentilhombre que recibió en su casa a un grupo de amigos, y se jactó, tres o cuatro días más tarde, a manera de juego —pues no había nada de eso—, de haberles dado pastel de gato para comer. Como consecuencia, una señorita del grupo fue presa de tal horror que sufrió un gran desarreglo de estómago y fiebre, y fue imposible salvarla. Los propios animales se ven expuestos a la fuerza de la imaginación, como nosotros. Tenemos la prueba en los perros, que se dejan morir de dolor por la pérdida de sus amos.[43] Vemos también cómo ladran y se remueven en sueños; y cómo los caballos relinchan y forcejean.[44]