Los ensayos
Los ensayos c | Acaso me he referido en otro sitio a cierta clase de diversiones públicas.[4] Y el uso de las militares que empleó Pericles en la guerra del Peloponeso,[5] y otras mil en otras partes, para hacer salir de sus países a las fuerzas contrarias, es muy frecuente en las historias. b | Fue un ingenioso desvío lo que permitió al señor de Himbercourt salvarse a sí mismo, y salvar a otros, en la ciudad de Lieja, donde le había ordenado entrar el duque de Borgoña, que la mantenía sitiada, para ejecutar las cláusulas de su acordada rendición. El pueblo, reunido de noche para tratar el asunto, inició una rebelión contra los acuerdos concertados; y muchos decidieron lanzarse sobre los negociadores, a los que tenían en su poder. Él, al percibir el rumor del aguacero que se avecinaba, con la multitud precipitándose sobre su alojamiento, les envió de inmediato a dos habitantes de la ciudad —pues algunos estaban de su parte— cargados con nuevas ofertas más benignas, para proponer en su consejo ofertas que había improvisado para salir del paso. Estos dos atajaron la primera tormenta, y condujeron a la alterada turba hasta el ayuntamiento, para que escuchara su mensaje y deliberara sobre él. La deliberación fue breve. Entonces se desató una segunda tempestad, tan violenta como la otra; y él les mandó, para oponérsele, a cuatro nuevos y similares intercesores, asegurando que en esta ocasión les presentaba ofertas más ventajosas, que les contentarían y satisfarían por entero, de tal suerte que el pueblo fue de nuevo empujado hasta la asamblea. En suma, mediante la dispensación de tales distracciones, desviando su furia y disipándola en vanas consultas, al fin lo adormeció y alcanzó el día, lo cual era su principal objetivo.[6]