Los ensayos
Los ensayos c | Nuestros maestros se equivocan cuando, al indagar las causas de los arrebatos extraordinarios de nuestro espÃritu, además de aquellas que atribuyen a un rapto divino, al amor, a la violencia de la guerra, a la poesÃa, al vino, no otorgan su parte a la salud —una salud ferviente, recia, plena, imperturbable, como la que en otros tiempos me brindaban el vigor de los años y la seguridad por accesos—.[18] Esta alegrÃa fogosa suscita en el espÃritu relámpagos vivos y claros, que superan nuestra claridad natural,[19] y, entre los entusiasmos, los más gallardos, si no los más enloquecidos. Ahora bien, no es asombroso que un estado contrario abata mi espÃritu, lo inmovilice y obtenga de él un efecto contrario:
b | Ad nullum consurgit opus, cum corpore languet.[20]
[No se esfuerza en ninguna tarea; languidece con el cuerpo].
Y quiere todavÃa que le esté reconocido, porque, según dice, cede mucho menos a esta adhesión de lo que comporta el uso ordinario entre los hombres. Al menos, mientras haya tregua, rechacemos los males y las dificultades de nuestro trato:
Dum licet, obducta soluatur fronte senectus;[21]
[Mientras sea posible, que la vejez desfrunza el ceño];