Los ensayos

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Por lo demás, me he prescrito osar decir todo aquello que oso hacer, y me disgustan aun los pensamientos impublicables. La peor de mis acciones y características no me parece tan deshonesta como me parece deshonesto y cobarde no osar confesarla. Todo el mundo es discreto al confesarse, debería serlo al actuar. La audacia de cometer una falta es en cierta medida compensada y atajada por la audacia de confesarla. c | Quien se obligara a decirlo todo, se obligaría a no hacer nada de aquello que estamos forzados a callar. ¡Ojalá mi exceso de licencia atraiga a los hombres de nuestro tiempo hasta la libertad, por encima de esas virtudes cobardes y aparentes que nacen de nuestras imperfecciones!; ¡ojalá, a costa de mi inmoderación, los atraiga hasta el punto razonable! Debe verse el propio vicio, y estudiarlo, para poder referirlo. Quienes lo ocultan a los demás suelen ocultárselo a sí mismos. Y, si lo ven, no lo consideran bien escondido; lo hurtan a su propia conciencia y lo disfrazan. Quare uitia sua nemo confitetur? Quia etiam nunc in illis est; somnium narrare uigilantis est[30] [¿Por qué nadie confiesa sus vicios? Porque aún están en ellos; refiere sus sueños quien está despierto]. Los males corporales se revelan al agravarse. Descubrimos que es gota aquello que llamábamos catarro o esguince. Los males del alma se oscurecen al cobrar fuerza; el más enfermo es quien menos los siente.[31] Por eso, con frecuencia hay que sacarlos a la luz con mano inmisericorde, abrirlos y arrancarlos del fondo de nuestro pecho. Como en materia de buenas acciones, también en materia de malas acciones, la simple confesión es a veces satisfacción.[32] ¿Hay alguna deshonestidad en la falta que nos exima de confesarla?


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