Los ensayos
Los ensayos b | Ahora bien, mi legislador[121] deberÃa haber advertido también que tal vez sea un uso más casto y provechoso darles pronto a conocer lo natural, en vez de dejárselo adivinar según la libertad y el calor de su fantasÃa. Sustituyen las partes verdaderas, con el deseo y con la esperanza, por otras extravagantes al máximo. c | Y algún conocido mÃo se ha perdido por haber mostrado las suyas en un lugar en el cual no estaba todavÃa en condiciones de asignarles su función más seria. b | ¿Qué daño no ocasionan esos enormes retratos que los niños esparcen por los pasillos y las escaleras de las casas reales? De aquà procede su cruel desprecio por nuestra capacidad natural. c | ¿Sabemos acaso si Platón, al ordenar, según el ejemplo de otros Estados bien organizados, que hombres, mujeres, viejos y jóvenes se exhibieran desnudos a la vista unos de otros, en sus ejercicios gimnásticos, no atendió a este punto?[122] b | Las indias que ven a los hombres al natural han enfriado al menos el sentido de la vista. c | Y es cierto que las mujeres del gran reino de Pegú dicen que el hecho de no llevar, debajo de la cintura, otra cosa para cubrirse que un trapo abierto por delante, y tan estrecho que, por más que pretendan una decencia ceremonial, a cada paso se las ve enteras, es una invención pensada para atraer a los hombres hacia ellas, y apartarlos de los varones, a los que su nación está completamente entregada.[123] Pero podrÃa decirse que pierden más de lo que ganan, y que el hambre entera es más violenta que aquella que se ha saciado por lo menos con los ojos. b | Además, decÃa Livia que, para una mujer de bien, un hombre desnudo no es más que una estatua.[124] c | Las lacedemonias, más vÃrgenes, ya mujeres, que nuestras muchachas, veÃan todos los dÃas a los jóvenes de su ciudad ejercitándose desnudos; y ellas mismas eran poco estrictas para cubrirse los muslos al andar, pues se consideraban, como dice Platón, suficientemente tapadas con su virtud, sin necesidad de verdugado.[125] Pero aquellos de quienes habla san AgustÃn, que han puesto en duda si las mujeres, en el juicio universal, resucitarán con su sexo, y no más bien con el nuestro, para no tentarnos aun en ese santo estado, han atribuido una extraordinaria fuerza tentadora a la desnudez.[126]