Los ensayos
Los ensayos Además, eso no es decir nada de valor. Porque no hay continencia ni virtud sin esfuerzo en sentido contrario. «Es verdad», debe decirse, «pero no estoy dispuesta a rendirme». Aun los santos hablan así. Me refiero a aquellas que se ufanan en serio de su frialdad e insensibilidad, y que pretenden ser creídas con semblante grave. Pues, cuando lo dicen con un semblante fingido, en el cual los ojos desmienten las palabras, y con la jerga de su profesión, que produce un efecto inverso, me parece muy bien. Soy muy amante de la naturalidad y de la libertad; pero no hay remedio: cuando no es del todo ingenua o infantil, es inepta e inconveniente para las damas en esta relación; degenera enseguida en desvergüenza. Sus disfraces y sus figuras sólo engañan a los necios. La mentira tiene ahí su sede de honor; es un rodeo que nos conduce a la verdad por una puerta falsa.
Si no podemos contener su imaginación, ¿qué pretendemos de ellas? ¿Acaso las acciones? Hay muchas que escapan a toda comunicación externa, por las cuales la castidad puede corromperse:
Illud saepe facit quod sine teste facit.[153]
[Hace a menudo lo que hace sin testigo].
Y las que menos tememos son quizá las más temibles. Sus pecados mudos son los peores:
Offendor moecha simpliciore minus.[154]
[Me ofende menos una puta más franca].