Los ensayos
Los ensayos b | Para mi propósito me resulta también conveniente escribir en mi casa, en un país salvaje, donde nadie me ayuda ni me corrige, donde no suelo frecuentar a nadie que entienda el latín de su padrenuestro; y francés, un poco menos. La habría hecho mejor en otro sitio, pero habría sido una obra menos mía. Y su fin y perfección principal radican en que sea exactamente mía. No dejaría de corregir un error accidental, de los que estoy repleto, dado que avanzo con poca atención; pero las imperfecciones que me son comunes y constantes, sería una traición suprimirlas. Cuando me han dicho, o yo mismo me he dicho: «Utilizas demasiadas figuras; esa palabra es de cosecha gascona;[196] tal expresión es arriesgada» —no evito ninguna de las que se emplean en las calles francesas; quienes pretenden oponerse al uso en nombre de la gramática, bromean—; «es un discurso ignorante; es un discurso paradójico; ése es demasiado loco; c | con frecuencia juegas; pensarán que dices en serio lo que dices fingiendo». b | «Sí», respondo, «pero corrijo las faltas que se deben a la inadvertencia, no las que se deben a la costumbre. ¿No hablo siempre así?, ¿no me represento al natural? Con eso basta. He hecho lo que quería:[197] todo el mundo me reconoce en mi libro, y reconoce mi libro en mí».