Los ensayos
Los ensayos ecuestres, aquel cuya fortuna no alcance lo marcado por la ley];
en las cuales cabían cien mil hombres sentados cómodamente; y hacer que la plaza del fondo, donde se celebraban los juegos, mediante un artificio se entreabriera y separara en hendiduras que semejaban antros de donde salían los animales destinados al espectáculo; y, después, en segundo lugar, inundarla con un mar profundo que contenía numerosos monstruos marinos, repleto de bajeles armados, para representar una batalla naval; y, en tercer lugar, allanarla y secarla de nuevo para el combate de los gladiadores; y, para la cuarta función, cubrirla de bermellón y destoraque, en lugar de arena, para preparar un solemne banquete para todo ese número infinito de pueblo —el último acto de un único día—:
quoties nos descendentis arenae
uidimus in partes, ruptaque uoragine terrae
emersisse feras, et iisdem saepe latebris
aurea cum croceo creuerunt arbuta libro.
Nec solum nobis siluestria cernere monstra
contigit, aequoreos ego cum certantibus ursis
spectaui uitulos, et equorum nomine dignum,
sed deforme pecus.[37]