Los ensayos
Los ensayos Era un mundo niño; aun asÃ, no lo hemos golpeado ni sometido a nuestra disciplina por la superioridad de nuestro valor y de nuestras fuerzas naturales, ni lo hemos seducido con nuestra justicia y bondad, ni subyugado con nuestra grandeza de ánimo. La mayorÃa de sus respuestas y de las negociaciones hechas con ellos demuestran que no nos eran inferiores ni en claridad de espÃritu natural ni en pertinencia. La pavorosa magnificencia de las ciudades de Cuzco y de México, y, entre muchas cosas semejantes, el jardÃn de un rey en el cual todos los árboles, frutos y hierbas estaban excelentemente modelados en oro, según el orden y el tamaño que tienen en un jardÃn —asà como, en su gabinete, todos los animales que nacÃan en su Estado y en sus mares—, y la belleza de sus obras de pedrerÃa, de pluma, de algodón, de pintura, muestran que tampoco nos iban a la zaga en habilidad.[51] Pero, en cuanto a devoción, cumplimiento de las leyes, bondad, generosidad, lealtad, franqueza, nos ha sido muy útil ser inferiores a ellos. Se han arruinado por culpa de esta superioridad, y se han vendido y traicionado a sà mismos. En cuanto a osadÃa y valor, en cuanto a firmeza, constancia, entereza frente al dolor, al hambre y a la muerte, no temerÃa oponer los ejemplos que hallarÃa entre ellos a los más célebres ejemplos antiguos conservados en las memorias de este mundo nuestro.