Los ensayos
Los ensayos En cuanto a pompa y magnificencia, el asunto con el que he empezado este argumento, ni Grecia ni Roma ni Egipto pueden, ni por la utilidad ni por la dificultad ni por la nobleza, comparar ninguna de sus obras con el camino que se ve en el Perú, construido por los reyes del país, desde la ciudad de Quito hasta la de Cuzco —son trescientas leguas—, recto, liso, de veinticinco pasos de anchura, pavimentado, flanqueado a ambos lados por bellos y altos muros, y, a lo largo de éstos, por el interior, por dos acequias perennes bordeadas de hermosos árboles que llaman mulli.[67] Donde han hallado montañas y rocas, las han cortado y aplanado, y han llenado las hondonadas con piedra y cal. Al final de cada jornada, se encuentran hermosos palacios provistos de víveres, vestidos y armas, tanto para los viajeros como para los ejércitos que han de pasar por ahí. En la evaluación de esta obra, he tenido en cuenta la dificultad, que es particularmente importante en ese lugar. No construían con piedras menores de diez pies cuadrados; no tenían otro medio para el acarreo que arrastrar la carga a fuerza de brazos; y ni siquiera el arte de levantar andamios, pues no conocían otra maña que la de alzar tanta tierra frente a su construcción como fuese su altura, para quitarla después.[68]