Los ensayos
Los ensayos Sus buenas cualidades están muertas y perdidas, pues sólo se perciben por comparación, y a ellos se les excluye. Azotados por una aprobación tan continua y uniforme, apenas conocen la verdadera alabanza. Aun cuando se las vean con el más necio de sus súbditos, no tienen manera de obtener la victoria sobre él. Sólo con que diga: «Es que es mi rey», le parecerá haber dicho de sobra que ha contribuido a dejarse ganar. Esta cualidad sofoca y consume las demás cualidades verdaderas y esenciales —se hallan hundidas en la realeza—, y no les permite realzar sino aquellas acciones que le conciernen directamente y le sirven: las obligaciones de su cargo. Ser rey es tan grande que el que lo es no existe de otro modo. El resplandor externo que le envuelve, le esconde y nos lo sustrae; nuestra vista se fatiga y disipa, henchida de esa fuerte luz, y fija en ella. El Senado acordó un premio de elocuencia para Tiberio; éste prefirió rehusarlo, porque no estimó que un juicio tan poco libre, aunque fuese verdadero, pudiera complacerle.[10]