Los ensayos
Los ensayos De la misma manera que se les ceden todas las ventajas honoríficas, también se les refuerzan y autorizan sus defectos y vicios, no sólo por aprobación sino incluso por imitación. Todo el séquito de Alejandro ladeaba la cabeza como él; y los aduladores de Dionisio tropezaban entre sí en su presencia, empujaban y derramaban lo que tenían a sus pies para señalar que su vista era tan corta como la de aquél.[11] En ocasiones las enfermedades han servido también de recomendación y favor. He visto a algunos que afectaban sordera; y, puesto que el amo detestaba a su mujer, Plutarco vio cómo los cortesanos repudiaban a las suyas, a las que amaban.[12] Es más, la lujuria ha adquirido autoridad, y cualquier desenfreno; como también la deslealtad, las blasfemias, la crueldad; como la herejía, como la superstición, la irreligión, la molicie; y peor aún, si hay peor. Con un ejemplo todavía más peligroso que el de los aduladores de Mitrídates, que, como su amo aspiraba al honor de ser un buen médico, le ofrecían sus miembros para que les hiciera incisiones y cauterios,[13] éstos soportan, en efecto, que se les cauterice el alma, parte más delicada y más noble.