Los ensayos
Los ensayos Pero, para acabar por donde he empezado, el emperador Adriano debatía con el filósofo Favorino sobre la interpretación de cierta palabra, y Favorino le concedió enseguida la victoria. Como sus amigos se le quejaron, les dijo: «¿Os burláis?; ¿pretendéis que no sea más docto que yo, mandando treinta legiones?».[14] Augusto escribió unos versos contra Asinio Polión: «Y yo», dijo Polión, «me callo; no es sensato rivalizar en escribir con quien puede proscribir».[15] Y tenían razón. En efecto, como Dionisio no pudo igualar a Filóxeno en poesía ni a Platón en razonamiento, condenó a uno a las canteras, y al otro lo envió a la isla de Egina para que lo vendieran como esclavo.[16]