Los ensayos
Los ensayos Puede que algunos tengan mi temperamento. Yo me instruyo mejor por contradicción que por ejemplo, y por huida mejor que por seguimiento. A esta suerte de enseñanza se referÃa Catón el Viejo cuando dijo que los sabios pueden aprender más de los locos que los locos de los sabios.[3] Y aquel antiguo tañedor de lira que, según Pausanias, solÃa obligar a sus discÃpulos a oÃr a un mal intérprete que vivÃa enfrente de él, para que aprendieran a odiar sus disonancias y falsas medidas.[4] El horror de la crueldad me empuja más hacia la clemencia de lo que ningún modelo de clemencia podrÃa atraerme. Un buen jinete no corrige tanto mi postura como lo hace un procurador o un veneciano a caballo. Y un mal estilo de lenguaje reforma más el mÃo que el bueno. Todos los dÃas la actitud necia de alguno me advierte y aconseja. Lo que duele, afecta y despierta más que lo que agrada. Estos tiempos son apropiados para corregirnos haciéndonos retroceder, por disconformidad más que por conformidad, por diferencia más que por acuerdo. Siendo poco instruido por los buenos ejemplos, me valgo de los malos, cuya lección es común.[5] c | Me he esforzado por volverme más agradable en la medida que veÃa gente molesta, y más firme en la medida que la veÃa blanda, y más indulgente en la medida que la veÃa violenta, y más bueno en la medida que la veÃa malvada. Pero me proponÃa proporciones inalcanzables.