Los ensayos
Los ensayos b | El ejercicio más fructÃfero y natural de nuestro espÃritu es, a mi entender, la discusión. Su práctica me parece más grata que la de cualquier otra acción de nuestra vida. Y ésa es la razón por la cual si ahora mismo me obligaran a elegir, aceptarÃa más bien perder la vista que perder el oÃdo o el habla. Los atenienses y también los romanos honraban sobremanera este ejercicio en sus academias. En nuestros tiempos, los italianos conservan algunos vestigios, con gran provecho para ellos, como se ve si comparamos nuestros entendimientos con los suyos. El estudio de los libros es un movimiento lánguido y débil que no enardece; la discusión, en cambio, enseña y ejercita a la vez. Si discuto con un alma fuerte y un duro justador, me hostiga los flancos, me provoca por la derecha y por la izquierda, sus fantasÃas realzan las mÃas. El celo, el orgullo, la tensión me empujan y me elevan por encima de mà mismo. Y el unÃsono es una cualidad del todo fastidiosa en la discusión.