Los ensayos
Los ensayos Pero, así como nuestro espíritu se fortalece mediante la comunicación con espíritus vigorosos y ordenados, no puede decirse hasta qué punto pierde y degenera por medio del continuo trato y la frecuentación que tenemos con espíritus bajos y enfermizos. No hay contagio que se difunda como éste. Lo he comprobado por experiencia suficiente a mis expensas. Me gusta disputar y razonar, pero con pocos hombres y para mí. En efecto, servir de espectáculo a los grandes y rivalizar alardeando del propio espíritu y de la propia cháchara me parece que es un oficio muy poco apropiado para un hombre de honor. La estupidez es una mala cualidad; pero no poderla soportar, e irritarse y consumirse por ella, como me sucede a mí, es otra clase de enfermedad, no mucho menos importuna que la necedad. Y esto es lo que ahora quiero denunciar en mí.