Los ensayos
Los ensayos En fin, acepto y reconozco toda suerte de ataques directos, por débiles que sean; pero soy demasiado impaciente frente a aquellos que se hacen sin forma. Me importa poco la materia, las opiniones me dan lo mismo, y la victoria en el asunto me resulta más o menos indiferente. DisputarÃa tranquilamente un dÃa entero si el debate se lleva a cabo con orden. c | No exijo tanto fuerza o sutileza cuanto orden, el orden que se ve todos los dÃas en los altercados entre pastores y entre mozos de taller, jamás entre nosotros. Si se descaminan, es en descortesÃa; nosotros hacemos lo mismo. Pero su tumulto e impaciencia no los aparta de su tema. Sus palabras siguen su curso. Si se anticipan el uno al otro, si no se esperan, al menos se escuchan. Para mÃ, se responde siempre más que bien si se responde a lo que digo. b | Pero, cuando la disputa es confusa y desordenada, abandono el asunto, y me aferro a la forma con enojo e indiscreción; y me lanzo a una manera de debatir terca, maliciosa e imperiosa, que después me hace sonrojar. c | Es imposible tratar de buena fe con un necio. No sólo mi juicio se corrompe en manos de un amo tan impetuoso, sino también mi conciencia.