Los ensayos
Los ensayos Nuestras disputas deberían estar prohibidas y ser castigadas como otros crímenes verbales. ¿Qué vicio no despiertan y no acumulan, siempre regidas y mandadas por la cólera? Primero nos hacemos enemigos de las razones, y, después, de los hombres. Aprendemos a disputar sólo para contradecir; y, dado que todo el mundo contradice y es contradicho, sucede que el fruto de la disputa es perder y aniquilar la verdad. Así, Platón, en su república, prohíbe este ejercicio a los espíritus ineptos y mal nacidos.[11]