Los ensayos
Los ensayos b | ¿Para qué te pones en camino, a la búsqueda de lo que es, con aquel cuyo paso y cuya marcha nada valen? No se hace ningún daño al asunto cuando se abandona para ver la manera de tratarlo —no digo manera escolar y artificial, digo manera natural, de un sano entendimiento—. ¿Qué sucederá al final? El uno va hacia Oriente, el otro hacia Occidente. Pierden lo principal y lo dispersan en la muchedumbre de los incidentes. Al cabo de una hora de tormenta, no saben lo que buscan; el uno está abajo, el otro arriba, el otro a un lado. Éste se interesa mucho por una palabra y una similitud. Aquél ya no oye lo que le objetan, hasta tal extremo está absorto en su carrera; y piensa en seguirse, no en seguirte. Otro, como se encuentra flojo de riñones, lo teme todo, lo rehúsa todo, mezcla y confunde desde el principio el asunto; c | o, en el momento álgido del debate, se amotina para callarse por completo —por una ignorancia despechada, afectando un orgulloso desprecio o una huida neciamente modesta de la disputa—. b | Con tal de golpear, no le importa hasta qué punto se descubre. El otro cuenta sus palabras y las valora como razones. Aquél no emplea otra cosa que la superioridad de su voz y de sus pulmones. Aquí hay uno que concluye contra sí mismo; y éste nos ensordece con prefacios y digresiones inútiles. c | Aquel otro se arma con puras injurias y busca una querella sin fundamento[12] para librarse de la compañía y de la discusión de un espíritu que apremia al suyo. b | Éste último no ve nada de la razón, pero te mantiene asediado con el cerco dialéctico de sus frases y con las fórmulas de su arte.