Los ensayos
Los ensayos b | Por mi parte, tengo esta costumbre peor: si llevo un escarpín de través, me dejo también de través la camisa y la capa; desdeño corregirme a medias. Cuando estoy en una mala situación, me ensaño en el mal; me abandono por desesperación, y me dejo ir hacia la caída, c | y arrojo, como suele decirse, la soga tras el caldero. b | Me obstino en el empeoramiento, y no me considero ya digno de cuidarme. O del todo bien o del todo mal. Me favorece que la desolación del Estado coincida con la desolación de mi vida. Prefiero soportar que mis males se hayan agravado a soportar que mis bienes se hubiesen visto turbados. Las palabras que expreso frente a la desgracia son palabras de indignación. Mí ánimo no se achata, se irrita. Y, al contrario que los demás, me encuentro más devoto en la buena que en la mala fortuna, de acuerdo con el precepto de Jenofonte, si no con su razón.[11] Y me gusta más demostrar mi amor al cielo para darle las gracias que para pedirle. Me preocupa más aumentar mi salud cuando me sonríe que recuperarla cuando la he perdido. Los hechos prósperos me sirven de enseñanza y de instrucción, como a los demás los adversos y los azotes.[12] c | Como si la buena fortuna fuese incompatible con la buena conciencia, los hombres no se vuelven buenos sino en la mala. La felicidad b | es para mí un singular estímulo a la moderación y a la modestia. El ruego me persuade, la amenaza me desalienta; c | el favor me doblega, el miedo me endurece.