Los ensayos
Los ensayos Le preguntaré entonces, por ejemplo, qué puede ser más extraño que ver a un pueblo obligado a seguir unas leyes que nunca ha entendido, sometido en todos sus asuntos domésticos —matrimonios, donaciones, testamentos, ventas y compras—, a reglas que no puede conocer porque no están escritas ni publicadas en su lengua, y cuya interpretación y uso ha de comprar por necesidad. c | No de acuerdo con la ingeniosa opinión de Isócrates, que aconseja a su rey hacer los tráficos y las negociaciones de sus súbditos libres, francos y lucrativos, y sus debates y querellas gravosas, cargadas de fuertes impuestos,[52] sino de acuerdo con la prodigiosa opinión de poner en venta aun la razón y de otorgar a las leyes valor de mercancÃa. a | Agradezco a la fortuna el hecho de que, según dicen nuestros historiadores, fuese un gentilhombre llamado Gascón, y de mi paÃs, el primero en oponerse a Carlomagno cuando pretendió darnos leyes latinas e imperiales.[53] ¿Qué cosa hay más salvaje que ver una nación donde, por legÃtima costumbre, el oficio de juzgar se venda y los juicios se paguen sólo al contado;[54] donde se niegue legÃtimamente la justicia a quien no pueda pagarla, y donde esta mercancÃa goce de tanto crédito que se forme en la sociedad un cuarto estado, con la gente que maneja los procesos, a añadir a los tres antiguos de Iglesia, nobleza y pueblo?; ¿donde el estado en cuestión, al tener a su cargo las leyes y la suprema autoridad sobre bienes y vidas, forme un cuerpo aparte del de la nobleza, de lo que resulte que haya dobles leyes, las del honor y las de la justicia, muy contrarias en muchas cosas? —tan rigurosamente condenan las primeras el desmentido que se sufre, como las segundas el que se venga—;[55] ¿que por el deber de las armas sufra degradación de honor y de nobleza quien soporte una injuria, y, por el deber civil, incurra en la pena capital quien se vengue? —si alguien se dirige a las leyes para pedir cuentas por una ofensa a su honor, se deshonra; y, si alguien no se dirige a ellas, es penado y castigado por las leyes—. ¿Y que, de estas dos partes tan distintas, que se reducen, sin embargo, a una única cabeza,[56] unos se encarguen de la paz, otros de la guerra; unos se repartan la ganancia, otros el honor; unos el saber, otros la virtud; unos la palabra, otros la acción; unos la justicia, otros el valor; unos la razón, otros la fuerza; unos la ropa larga, otros la corta?[57]