Los ensayos
Los ensayos En cuanto a las cosas indiferentes, como los vestidos, si alguien los quiere reducir a su verdadero fin, que es el servicio y la comodidad del cuerpo, de donde deriva su gracia y decoro original, le cederé, como los más fantásticos[58] que a mi parecer quepa imaginar, entre otros, nuestros bonetes cuadrados, la larga cola de terciopelo plisado que pende de las cabezas de nuestras mujeres, con sus abigarrados avíos, y el vano e inútil modelado de un miembro que ni siquiera podemos nombrar honestamente, del cual sin embargo hacemos gala y alarde en público.[59] Tales consideraciones, con todo, no apartan al hombre de entendimiento de seguir el estilo común. Al contrario, me parece que todas las maneras extrañas y particulares surgen más de la locura o de la pretensión ambiciosa que de la verdadera razón, y que el sabio debe por dentro separar su alma de la multitud, y mantenerla libre y capaz de juzgar libremente las cosas; pero, en cuanto al exterior, debe seguir por entero las maneras y formas admitidas. A la sociedad pública no le incumben nuestros pensamientos; pero lo restante, como acciones, trabajo, fortuna y vida, debemos cederlo y entregarlo a su servicio y a las opiniones comunes,[60] a2 | al modo que el buen y gran Sócrates rehusó salvar la vida desobedeciendo al magistrado, incluso a un magistrado muy injusto y muy inicuo.[61] a | Es, en efecto, la regla de las reglas y la ley general de las leyes que cada uno observe las del lugar donde está:[62] Νόμοις ἔπεσθαι τοῖσιν ἐγχώροις καλόν.[63] [Es hermoso obedecer las leyes del país].