Los ensayos
Los ensayos En suma, veo por nuestro ejemplo que la sociedad de los hombres se mantiene y se une a cualquier precio. Sea cual fuere la situación en que se les ponga, se agrupan y ordenan moviéndose y apiñándose, de la misma manera que los cuerpos sueltos que se meten desordenados en una bolsa encuentran por sà mismos la forma de asociarse y de acomodarse entre sÃ, a menudo mejor de lo que los habrÃa sabido disponer el arte. El rey Filipo reunió a los hombres más malvados e incorregibles que pudo hallar y los puso a todos en una ciudad que les mandó construir, que llevaba su nombre.[45] Considero que forjaron, a partir de los vicios mismos, una contextura polÃtica entre ellos, y una sociedad ventajosa y justa.
Veo no una acción, ni tres, ni cien, sino costumbres cuya práctica es común y admitida, que son tan feroces por su inhumanidad sobre todo, y por su deslealtad, para mà la peor clase de vicio, que no tengo ánimos para concebirlas sin horror. Y me asombran casi tanto como las detesto. El ejercicio de estas maldades insignes es prueba de vigor y fuerza del alma tanto como de error y desorden. La necesidad compone y une a los hombres. Este lazo fortuito se conforma después en leyes. Las ha habido, en efecto, tan salvajes que ninguna opinión humana podrÃa engendrarlas, y que, sin embargo, han conservado sus sociedades con tanta salud y longevidad como podrÃan hacerlo las de Platón y Aristóteles.