Los ensayos

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Tengo una constitución física libre, y un gusto común, como nadie en el mundo. La diversidad de formas entre una nación y otra sólo me afecta por el placer de la variedad. Cada costumbre tiene su razón. Sean los platos de estaño, de madera, de tierra, hervido o asado, manteca o aceite, de nuez o de oliva, caliente o frío, todo me da igual. Hasta tal punto igual que, al hacerme viejo, censuro esta noble facultad, y necesitaría que la exigencia y la elección frenaran la imprudencia de mi apetito, y a veces aliviaran mi estómago. c | Cuando he salido de Francia y, para ser corteses conmigo, me han preguntado si quería que me sirvieran a la francesa, me he reído y me he precipitado siempre a las mesas más llenas de extranjeros. b | Me avergüenza ver a nuestros hombres embriagados con ese necio humor de alejarse de las formas contrarias a las suyas. Les parece encontrarse fuera de su elemento cuando se encuentran fuera de su pueblo. Allí donde van, se atienen a sus costumbres y abominan de las extranjeras. Si hallan a un compatriota en Hungría, celebran el azar. Ahí los tenemos: se reúnen y congregan, condenan todas las costumbres bárbaras que ven. ¿Por qué no bárbaras, puesto que no son francesas? Y todavía éstos son los más hábiles, que las han examinado, para denigrarlas. La mayoría no emprenden la ida sino por la vuelta. Viajan protegidos y encerrados tras una prudencia taciturna e incomunicable, defendiéndose del contagio de un aire desconocido. Lo que digo de éstos me recuerda, en un asunto similar, lo que a veces he observado en algunos de nuestros jóvenes cortesanos. Sólo se relacionan con hombres de su especie; nos miran como a gente del otro mundo, con desdén o con piedad. Prívalos de las conversaciones en torno a los misterios de la corte: están fuera de su elemento. Tan novatos y torpes para nosotros, como nosotros lo somos para ellos. Se dice, con toda razón, que un hombre honesto es un hombre mezclado. Por el contrario, yo viajo muy harto de nuestros usos, no para buscar gascones en Sicilia —he dejado bastantes en casa—; prefiero buscar griegos y persas. Los abordo, los examino; a eso me entrego y me aplico. Y, lo que es más, me parece que apenas he encontrado costumbres que no sean tan buenas como las nuestras. Me arriesgo poco, pues apenas he perdido mis veletas de vista.[172]


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