Los ensayos
Los ensayos b | Fijaos en la diferencia de vida entre mis peones y yo: nada hay en los escitas y en los indios más alejado de mi capacidad y de mi forma. Tengo la experiencia de haber retirado niños de la mendicidad, para emplearlos, que me han dejado al poco tiempo, y mi cocina y su librea, simplemente para volver a su vida anterior. Y encontré a uno, que estaba después cogiendo caracoles en medio de las inmundicias para comer, al que ni con ruegos ni con amenazas pude apartar del sabor y de la dulzura que hallaba en la indigencia. Los mendigos tienen sus magnificencias y sus placeres, como los ricos, y, según se dice, sus dignidades y órdenes polÃticos. Son efectos de la costumbre. Ésta puede llevarnos no sólo a la forma que se le antoje —por eso, dicen los sabios, hemos de adherirnos a la mejor, que ella nos facilitará de inmediato—,[82] sino también al cambio y a la variación, lo cual es el más noble y el más útil de sus aprendizajes. La mejor de mis disposiciones corporales es ser dúctil y poco obstinado. Poseo inclinaciones más propias y ordinarias, y más agradables que otras. Pero, con muy poco esfuerzo, me aparto de ellas, y me deslizo fácilmente hacÃa la forma contraria. Un joven debe confundir sus reglas para despertar su vigor, evitar que éste se enmohezca y acobarde. Y no existe forma de vida tan necia y tan débil como aquella que se gobierna por mandato y disciplina:
Ad primum lapidem uectari cum placet, hora