Los ensayos
Los ensayos La experiencia me ha enseñado también que nos perdemos por nuestra falta de paciencia. Las enfermedades tienen su vida y sus límites, c | sus dolencias y su salud. La constitución de las enfermedades se ajusta al modelo de la constitución de los animales. Tienen su fortuna y sus días asignados desde que nacen. El que intenta acortarlas imperiosamente a la fuerza, cuando están siguiendo su curso, las alarga y multiplica, y, en vez de apaciguarlas, las irrita.[104] Yo opino, como Crantor, que uno no debe oponerse obstinada y atolondradamente a los males, ni sucumbir a ellos por blandura, sino ceder de manera natural, con arreglo a su condición y a la nuestra.[105] b | Debe cederse el paso a las enfermedades; y me parece que en mí, que las dejo hacer, se detienen menos. Y he perdido algunas de las que se consideran más obstinadas y tenaces por su propia declinación, sin ayuda y sin arte, y en contra de sus prescripciones. Dejemos hacer un poco a la naturaleza: ella entiende mejor sus asuntos que nosotros. «Pero Fulano murió de esto». «También tú morirás, si no de ese mal, de otro». Y ¿cuántos no han dejado de morir de lo mismo con tres médicos pegados al trasero? El ejemplo es un espejo vago, universal y que admite cualquier sentido. Si es una medicina placentera, acéptala; siempre será un beneficio presente. c | No me detendré ni en el nombre ni en el color, si es deliciosa y apetecible. El placer es una de las principales especies del provecho.