Los ensayos
Los ensayos No me cubro las piernas y los muslos más en invierno que en verano: una simple media de seda. He condescendido, en auxilio de mis catarros, a mantener la cabeza más caliente, y el vientre, por mi cólico. Mis dolencias se habituaron en pocos días y desdeñaron mis precauciones ordinarias. Había ido pasando de un pañuelo a una capucha, y de un gorro a un sombrero doble. Los forros de mi jubón no me sirven más que de adorno: éste no es nada, si no le añado una piel de liebre o de buitre, un casquete para mi cabeza. Si sigues esta gradación, irás a toda marcha. No haría nada, y me desdiría de buena gana del comienzo que le he dado, si me atreviera. ¿Caes en algún contratiempo nuevo? Esta reforma ya no te sirve: te has acostumbrado a ella; busca otra. Así se arruinan quienes se dejan atrapar por regímenes estrictos y se someten a ellos con todo escrúpulo: necesitan más, y después otras más; nunca se acaba.
Para nuestras ocupaciones y para el placer, es mucho más cómodo, al estilo de los antiguos, perder la comida y aplazar los banquetes a la hora del retiro y del reposo, sin interrumpir la jornada. Así lo hacía yo en otros tiempos. Para la salud, me parece después por experiencia, en cambio, que es mejor comer, y que la digestión se hace mejor despierto.