Los ensayos
Los ensayos b | La noble inscripción con que los atenienses honraron la llegada de Pompeyo a su ciudad, se conforma a mi parecer:
Eres Dios en la medida
que te reconoces hombre.[232]
Es una perfección absoluta, y como divina, saber gozar lealmente del propio ser. Perseguimos otras condiciones porque no entendemos el uso de las nuestras, y salimos fuera de nosotros porque no sabemos qué hay dentro. c | Con todo, podemos muy bien montarnos sobre zancos, pues aun sobre zancos hemos de andar con nuestras piernas. Y en el más elevado trono del mundo, estamos sentados sobre nuestro trasero. b | Las vidas más hermosas son, a mi juicio, aquellas que se acomodan al modelo común c | y humano, con orden, pero b | sin milagro, sin extravagancia. Ahora bien, la vejez necesita ser tratada con un poco más de delicadeza. Encomendémosla al dios protector de la salud y de la sabiduría, pero alegre y sociable:
Frui paratis et ualido mihi,
Latoe, dones, et, precor, integra
cum mente, nec turpem senectam
degere, nec cythara carentem.[233]
[Concédeme, Latona, gozar con salud de aquello que esté a mi alcance, y, te lo ruego, con la mente incólume; evítame una vejez ignominiosa y privada de cítaras].