Los ensayos
Los ensayos a | Mi lengua vulgar perigordina llama de manera muy graciosa letro-ferits a esos sabihondos, como si dijéramos «letraheridos», a quienes las letras han dado un martillazo, como se suele decir.[41] Lo cierto es que con la mayor frecuencia parecen haber caído por debajo incluso del sentido común. Porque al campesino y al zapatero los ves seguir simple y naturalmente su camino, hablando de lo que saben; éstos, por pretender elevarse y exaltarse con el saber que nada en la superficie de su cerebro, se enredan y embrollan sin cesar. Se les escapan palabras hermosas, pero habrá de ser otro quien las acomode. Conocen bien a Galeno, pero en absoluto al enfermo. Te han llenado ya la cabeza de leyes y, sin embargo, todavía no han entendido el nudo de la causa. Saben la teoría de todas las cosas; busca a alguno que la ponga en práctica.
En mi casa vi a un amigo mío, que tenía que habérselas con uno de ellos, simular a modo de pasatiempo una jerigonza de galimatías y palabras inconexas, tejida con remiendos salvo que con frecuencia estaba salpicada de términos convenientes a su discusión. Con esto mantuvo ocupado todo el día a ese necio debatiendo, sin que dejara de pensar que respondía a las objeciones que se le hacían. Y era, sin embargo, hombre de letras y reputado, b | y vestía una hermosa toga:
Vos, o patritius sanguis, quos uiuere par est