Los ensayos
Los ensayos Me desagrada que en un gobierno tan santo como el lacedemonio se introdujera una ceremonia tan engañosa a la muerte de los reyes. Todos los aliados y vecinos y todos los hilotas, hombres y mujeres, confundidos, se hacían cortes en la frente en señal de duelo y expresaban con gritos y lamentaciones que aquel rey, sin importar cómo hubiera sido, era el mejor de todos los que habían tenido.[10] Atribuían al rango la alabanza que correspondía al mérito, y lo que corresponde al primer mérito al rango último e inferior.
Aristóteles, que todo lo remueve, se pregunta, a propósito de la sentencia de Solón según la cual nadie puede ser llamado feliz antes de la muerte, si aquel mismo que ha vivido y muerto según sus deseos[11] puede ser llamado feliz cuando su renombre va mal y su descendencia es miserable.[12] Mientras nos movemos, nos trasladamos por anticipación allá donde se nos antoja; pero, una vez fuera del ser, carecemos de comunicación alguna con lo que es. Y sería mejor decirle a Solón que, por lo tanto, jamás hombre alguno es feliz, puesto que no lo es sino una vez que ha dejado de ser:
b | Quisquam
uix radicitus e uita se tollit, et eiicit:
sed facit esse sui quiddam super inscius ipse,
nec remouet satis a proiecto corpore sese, et
uindicat.[13]