Los ensayos
Los ensayos Para el nuestro, un gabinete, un jardín, la mesa y el lecho, la soledad, la compañía, la mañana y el atardecer, todas las horas le serán iguales, todos los sitios serán para él estudio. En efecto, la filosofía, que, como formadora de los juicios y de la conducta, será su principal lección, tiene el privilegio de inmiscuirse en todo. A Isócrates, el orador, le pidieron en un banquete que hablara de su arte; todo el mundo cree que tuvo razón al responder: «Ahora no es el momento para lo que yo sé hacer; y aquello de lo que ahora es el momento, yo no sé hacerlo».[99] Porque ofrecer discursos o discusiones de retórica a un grupo reunido para reír y comer bien, sería una mezcla demasiado difícil de acordar. Y otro tanto cabría decir de las demás ciencias. Pero, en cuanto a la filosofía, en la parte que se ocupa del hombre y de sus deberes y obligaciones, ha sido juicio universal de todos los sabios que, dada la dulzura de su trato, no debía ser rehusada ni de los festines ni de los juegos. Y Platón la invita a su banquete y vemos cómo habla a los asistentes de una manera amena y acomodada al tiempo y al lugar, aunque sea con sus discursos más elevados y más saludables:[100]
Aeque pauperibus prodest, locupletibus aeque;
et, neglecta, aeque pueris senibusque nocebit.[101]
[Aprovecha igualmente a pobres y a ricos; y si