Los ensayos
Los ensayos A nada parece habernos encaminado más la naturaleza que a la sociedad. c | Y dice Aristóteles que los buenos legisladores se han preocupado más de la amistad que de la justicia.[14] a | Ahora bien, éste es el punto culminante de su perfección. c | Porque, en general, aquellas que forja y nutre el placer o el provecho, la necesidad pública o privada, son menos bellas y nobles, menos amistades, en la medida que hacen intervenir otra causa, fin y fruto en la amistad que ella misma. Tampoco concuerdan con ella, ni conjuntamente ni por separado, esas cuatro especies antiguas: natural, social, hospitalaria y erótica.[15] a | De hijos a padres, se trata más bien de respeto. La amistad se nutre de comunicación, y ésta no puede darse entre ellos porque la disparidad es demasiado grande y acaso vulnerarÃa los deberes naturales. Porque ni pueden comunicarse a los hijos todos los pensamientos secretos de los padres, para no crear una intimidad indecorosa, ni las advertencias y correcciones, en las que radica una de las primeras obligaciones de la amistad,[16] podrÃan ejercerse de hijos a padres. Ha habido naciones donde, por costumbre, los hijos mataban a sus padres, y otras donde los padres mataban a sus hijos, para evitar las trabas que a veces pueden ponerse entre sÃ, y el uno depende por naturaleza de la destrucción del otro.[17] Algunos filósofos han desdeñado este lazo natural. Prueba de ello, c | Aristipo. a | Le insistieron en cierta ocasión sobre el afecto que debÃa a sus hijos por haber surgido de él, se puso a escupir y dijo que también eso habÃa salido de él, y que engendrábamos igualmente piojos y gusanos.[18] Y otro, a quien Plutarco querÃa inducir a entenderse con su hermano, replicó: «No le tengo más en cuenta porque hayamos salido del mismo agujero».[19] A decir verdad, el nombre de hermano es hermoso y está lleno de dilección; por eso lo convertimos, él y yo, en nuestra alianza.[20] Pero compartir bienes, los repartos,[21] y el hecho de que la riqueza de uno conlleve la pobreza del otro, diluyen extraordinariamente y aflojan el lazo fraternal. Al tener que conducir el curso de su promoción por el mismo camino y al mismo paso, es forzoso que los hermanos tropiecen y choquen a menudo. Además, ¿por qué ha de darse en ellos la correspondencia y relación que generan las amistades verdaderas y perfectas? Padre e hijo pueden tener temperamentos enteramente alejados, y los hermanos también: «Es mi hijo, es mi pariente, pero un hombre brutal, un malvado o un necio». Y también, en la medida que se trata de amistades impuestas por la ley y la obligación natural, tienen tanto menos de elección nuestra y de libertad voluntaria.[22] Y nuestra libertad voluntaria no tiene producción más propiamente suya que el amor y la amistad. No es que yo no haya probado cuanto puede darse por ese lado. He tenido el mejor padre que jamás ha existido, y el más indulgente, hasta su extrema vejez, y pertenezco a una familia famosa y ejemplar de padre a hijos en lo que se refiere a concordia fraternal: