Los ensayos
Los ensayos b | et ipse
notus in fratres animi paterni.[23]
[y yo mismo soy conocido por mi ánimo paterno con mis hermanos].
a | El amor por las mujeres, aun cuando nazca de nuestra elección, no se le puede comparar, ni cabe asignarle este papel. Su ardor, lo confieso,
neque enim est dea nescia nostri
quae dulcem curis miscet amaritiem,[24]
[y, en efecto, no me es desconocida la diosa
que mezcla una dulce amargura con las cuitas],
es más activo, más agudo y más violento. Pero es un ardor ligero y voluble, fluctuante y diverso, un ardor febril, expuesto a accesos y remisiones, y que nos une sólo por una esquina. En la amistad se produce un calor general y universal, por lo demás templado y regular, un calor constante y reposado, lleno de dulzura y pulcritud, que no tiene nada de violento ni de hiriente. Es más, en el amor se trata tan sólo del deseo furioso de aquello que nos rehuye:
Come segue la lepre il cacciatore
al freddo, al caldo, alla montagna, al lito,
né più l’estima poi che presa vede,
et sol dietro a chi fugge affretta il piede.[25]