Los ensayos
Los ensayos HablĂ© un buen rato con uno de ellos; pero mi intĂ©rprete me seguĂa tan mal, y tenĂa, a causa de su necedad, tantas dificultades para asimilar mis fantasĂas, que no pude conseguir nada valioso. Le preguntĂ© quĂ© ventajas obtenĂa de la superioridad que ejercĂa entre los suyos —pues se trataba de un capitán, y nuestros marineros le llamaban rey—, y me dijo que marchar el primero en la guerra; le preguntĂ© cuántos hombres le seguĂan, y me mostrĂł el espacio de una legua, queriendo decir que tantos como cabĂan en un espacio asà —podĂan ser cuatro o cinco mil hombres—; le preguntĂ© si, fuera de la guerra, toda su autoridad expiraba, y me dijo que le restaba una cosa: al visitar los pueblos que dependĂan de Ă©l, le abrĂan caminos a travĂ©s de los setos de los bosques por los que podĂa pasar cĂłmodamente. Todo eso no está demasiado mal; pero, ¡vaya!, no llevan pantalones.