Los ensayos
Los ensayos Pero lo que no habÃa visto, ni prescribir ni poner en práctica, hasta que cayó en mis manos cierto pasaje de Séneca, es que se lleve el desprecio de la muerte hasta el extremo de emplearla para apartarse de honores, riquezas, grandezas y demás favores y bienes que llamamos de fortuna —como si la razón no tuviese bastante trabajo persuadiéndonos de que los abandonemos, sin añadirle una nueva sobrecarga—.[2] En dicho pasaje, Séneca aconseja a Lucilio, personaje poderoso y de gran autoridad ante el emperador, que cambie su vida de placer y pompa, y que se retire de la ambición mundana a una vida solitaria, tranquila y filosófica, a lo cual éste alega algunas dificultades, le dice: «Soy del parecer de que debes renunciar o a este tipo de vida o a la vida por entero. Te aconsejo, claro está, que sigas el camino más suave y que desates lo que has anudado mal sin llegar a cortarlo, con la condición de que, si no puede desatarse de otro modo, lo cortes. Nadie es tan cobarde que no prefiera caer de una vez a permanecer siempre colgando». HabrÃa encontrado este consejo acorde con la rudeza estoica, pero me extraña más que esté tomado de Epicuro, que escribe cosas muy parecidas sobre el asunto a Idomeneo.[3]