Los ensayos
Los ensayos Con todo, creo haber observado cierto rasgo semejante entre nuestra gente, pero con moderación cristiana. San Hilario,[4] obispo de Poitiers, el famoso enemigo de la herejía arriana, fue advertido mientras se encontraba en Siria de que Abra, su hija única, a quien había dejado aquí con su madre, era pretendida en matrimonio por los señores más insignes del país en tanto que hija muy bien criada, hermosa, rica y en la flor de la edad. Le escribió, según vemos, que apartara su afecto de cuantos placeres y ventajas le presentaban; que él le había hallado en el curso de su viaje un partido mucho más grande y más digno, el de un esposo de mucho mayor poder y magnificencia, que le regalaría vestidos y joyas de valor inestimable. Su propósito era hacerle perder el deseo y el uso de los placeres mundanos para unirla enteramente a Dios. Pero le parecía que el medio más rápido y más seguro para ello era la muerte de su hija, de manera que no cesó de pedirle a Dios, mediante votos, plegarias y oraciones, que la arrancase de este mundo y la llamara junto a Él. Así sucedió. En efecto, al poco de su regreso, se le murió, por lo cual mostró singular alegría.