Los ensayos
Los ensayos Cuando a César le presentaron la cabeza de Pompeyo, las historias cuentan que apartó la mirada como si se tratase de un espectáculo vil y desagradable.[5] Entre ellos había habido un entendimiento y una asociación tan prolongados en el gobierno de los asuntos públicos, tantas fortunas compartidas, tantos servicios recíprocos, y una alianza tan grande, que no debemos creer que el gesto fuese falso y fingido, tal y como sostiene este otro:
tutumque putauit
iam bonus esse socer, lacrimas non sponte cadentes
effudit, gemitusque expressit pectore laeto.[6]
[y pensó que era ya seguro mostrarse como un buen suegro, derramó lágrimas que no cayeron espontáneas y lanzó gemidos con el corazón alegre].
Porque, aun cuando en verdad la mayoría de nuestras acciones no sean otra cosa que máscara y disfraz, y pueda a veces ser cierto
haeredis fletus sub persona risus est,[7]
[que el llanto del heredero es risa tras la máscara],