Los ensayos
Los ensayos con todo, al juzgar tales acontecimientos, debe tenerse en cuenta que nuestras almas con frecuencia se ven agitadas por pasiones diferentes. En los cuerpos hay, según dicen, un cúmulo de humores distintos, y el dominante es aquel que manda de manera más habitual, según cuál sea nuestro temperamento.[8] De igual manera, en el alma, por mucho que la agiten movimientos diferentes, ha de haber uno que resulte vencedor. Pero no con una victoria tan completa que, habida cuenta del carácter voluble y maleable del alma, los que momentáneamente son más débiles no puedan volver a recuperar la posición y efectuar a su vez un rápido ataque, por eso, vemos que no sólo los niños, seguidores del todo genuinos de la naturaleza, a menudo lloran y ríen por lo mismo; tampoco ninguno de nosotros puede ufanarse de no sentir, al separarse de la familia y los amigos, aunque sea un viaje deseado, el ánimo estremecido; y, si las lágrimas no se le escapan del todo, al menos pone el pie en el estribo con un semblante sombrío y triste. Y, por muy gentil que sea la llama que enardece el corazón de las muchachas bien nacidas, aun así, para entregarlas a sus esposos, hay que descolgarlas a la fuerza del cuello de las madres, diga lo que diga este alegre camarada:
Est ne nouis nuptis odio Venus, anne parentum
frustrantur falsis gaudia lacrimulis,
ubertitm thalami quas intra limina fundunt?