Los ensayos
Los ensayos a | Querer realzar a un hombre por cualidades que no convienen a su rango, aunque sean por lo demás loables, y por cualidades que no deben ser las suyas principales, es una especie de burla y de injuria. Algo asà como ensalzar a un rey porque es un buen pintor, o un buen arquitecto, o incluso un buen arcabucero o un buen corredor de sortijas.[6] Tales elogios no honran si no se presentan entre muchos y a continuación de aquellos que le son propios, a saber, por la justicia y por el arte de gobernar a su pueblo en la paz y en la guerra. Éste es el modo en que la agricultura honra a Ciro, y la elocuencia y el conocimiento de las buenas letras a Carlomagno.[7] c | He visto en estos tiempos, cosa aún más singular, cómo personajes que obtenÃan su prestigio y su profesión de la escritura repudiaban su aprendizaje, corrompÃan su pluma y afectaban ignorancia de una cualidad tan vulgar y que, según cree nuestro pueblo, apenas se halla en manos doctas —y cómo se preocupaban por ser apreciados por cualidades mejores—. b | Los compañeros de Demóstenes en la embajada ante Filipo alababan a este prÃncipe porque era hermoso, elocuente y buen bebedor. Demóstenes decÃa que eran alabanzas que correspondÃan mejor a una mujer, a un abogado y a una esponja que a un rey.[8]
Imperet bellante prior, iacentem
lenis in hostem.[9]
[Que mande, superior en la lucha,